
La noche suele ser un momento de calma, silencio y descanso. Es el momento en el que las personas apagan las luces, cierran los ojos y se rinden ante el sueño para reponer energías de cara al siguiente día, dejando que la respiración se vuelva profunda y rítmica, los músculos se relajen y el ritmo cardíaco descienda. Pero, ¿sabías que el ecosistema bucodental también funciona durante esas horas? Así trabaja tu boca durante el turno de noche; y en Centro Odontológico Alcobendas te lo explicamos.
¿A dónde va la saliva?
¿Eres de esas personas que, cuando despiertan, se encuentran un hilo de saliva en la comisura de los labios? Durante el día, tus glándulas salivales son unas trabajadoras incansables, ya que producen entre 1 y 1,5 litros de saliva diarios. Y esta es una sustancia de vital importancia en tu boca, ya que actúa como un enjuague bucal natural, neutraliza los ácidos de los alimentos, repara el esmalte y elimina constantemente los restos de comida.
Pero, ¿qué pasa con ella cuando cerramos los ojos? En el momento en que entras en la fase de sueño, tu cerebro envía una señal para reducir drásticamente la producción de saliva, llegando a disminuir el flujo hasta en un 90%. Desde el punto de vista evolutivo, esto tiene sentido: si produjeras la misma cantidad de saliva que durante el día, te pasarías la noche tosiendo o atragantándote. Sin embargo, esta ‘sequía’ tiene un precio; y es que, al disminuir la saliva, la boca se vuelve un ambiente más seco, cálido y estático, o, dicho de otra forma, se convierte en el caldo de cultivo perfecto para las bacterias.
Por otro lado, si eso pasa, ¿cómo es posible que al despertar nos encontremos babeando? Aunque la producción de saliva disminuye, no se detiene por completo. Durante el día, tragamos de forma inconsciente cada pocos minutos. Pero cuando entramos en la fase REM, nuestros músculos faciales y reflejos de deglución se relajan al máximo. Si duermes boca arriba, la poca saliva que produces resbala hacia la garganta y la tragas instintivamente. Sin embargo, si duermes de lado o boca abajo y respiras por la boca, la gravedad hace su trabajo y esa saliva encuentra la salida más fácil.
El ‘aliento mañanero’ lo provoca una fiesta nocturna de bacterias
Es un hecho que la boca alberga cientos de especies diferentes de bacterias. Durante el día, tragas constantemente y segregas saliva, lo que mantiene a raya a estas poblaciones microbianas. Pero al caer la noche y secarse el ambiente, las bacterias tienen vía libre.
Sin el efecto de lavado de la saliva, las bacterias que prosperan en ausencia de oxígeno comienzan a multiplicarse a sus anchas en los rincones oscuros de tu boca: entre los dientes, bajo las encías y, sobre todo, en la parte posterior de la lengua. Estas bacterias se alimentan de las proteínas y restos de comida microscópicos que han quedado en tu boca; y al descomponerlos, excretan un subproducto llamado ‘compuestos volátiles de azufre’ (CVS), que son los responsables directos del conocido “aliento mañanero”.
Tu cuerpo descansa, pero tus mandíbulas no
Si alguna vez te has despertado con dolor de cabeza, tensión en el cuello o dolor en la mandíbula sin motivo aparente, es muy probable que tu boca haya estado haciendo ‘levantamiento de pesas’ mientras dormías. Esto puede deberse a lo que conocemos como bruxismo nocturno, un acto involuntario de apretar o rechinar los dientes que también puede ocurrir durante el día, pero que suele darse más a menudo durante el sueño. Curiosamente, la fuerza que ejercemos al apretar los dientes dormidos puede ser hasta seis veces mayor que la que usamos para masticar cuando estamos despiertos, algo que puede explicarse con el estrés y la ansiedad acumulados durante el día.
Si esto se convierte en un hábito crónico, el esmalte dental se desgasta a un ritmo alarmante, dejando los dientes hipersensibles y vulnerables a las fracturas.
Por la noche, los minerales de tu saliva se activan
¡No te alarmes! No todo lo que ocurre por la noche es negativo. Mientras las bacterias intentan hacer de las suyas, los minerales presentes en la poca saliva que queda, combinados con el flúor de tu pasta de dientes nocturna (de ahí la importancia de lavarse los dientes antes de acostarse), trabajan horas extras.
Sin la interrupción constante de ácidos provenientes de bebidas o alimentos, que desgastan el esmalte durante el día, la noche es el único momento que tienen tus dientes para absorber calcio y fosfato, endureciéndose y reparando el daño microscópico sufrido durante la jornada.
¡Prepara tu boca para la noche!
Sabiendo todo lo que ocurre en tu cavidad oral cuando cierras los ojos, es vital enviarla a dormir con las mejores condiciones posibles. Como rutina, te proponemos una serie de recomendaciones, empezando por el cepillado de dientes antes de dormir, además de pasarte el hilo dental para conseguir una limpieza completa. Además, puedes beber un poco de agua y dejarte un vaso en la mesita de noche para combatir la sequedad bucal; y, por lo que más quieras, ¡no te olvides de la lengua! Un raspador lingual antes de dormir es tu mejor arma contra el mal aliento matutino; y si sospechas que puedes padecer bruxismo, consulta con tu dentista para que te confeccione una férula de descarga. Protegerá tu esmalte y relajará la musculatura de tu mandíbula.
Así trabaja tu boca durante el turno de noche, ¿eras consciente de ello? En Centro Odontológico Alcobendas te recomendamos encarecidamente que cuides bien de tu boca antes de acostarte, ya que, un correcto mantenimiento te ayudará a protegerla durante esas horas.
¡Boca feliz, sueños felices!
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